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La ley del espejo

ley del espejo

La ley del espejo nos indica cómo nos sentimos internamente. Cuando observamos algo que nos desagrada en otra persona, que nos gusta o que nos atrae, realmente estamos proyectando nuestro estado interno.

Nos ocurre que con quien más chocamos es con quien tienes mayor trato cercano. Por ejemplo, nuestros padres, hermanos, pareja, etc. 

En el caso de los padres, vemos cosas en ellos que no nos gustan, comportamientos y actitudes. Por rechazo podemos evitar llevándolas a nuestra vida al otro extremo o imitar de manera inconsciente. 

Si tu padre era una persona autoritaria que nunca te dio un abrazo y se mantuvo distante. Quizás, tú ahora estés haciendo justamente lo contrario por efecto rebote de lo que no te gustó, o puede ser que estés actuando de la misma forma sin darte cuenta.

Cuando vemos alguna conducta en otra persona y nos activa algún sentimiento, esto es ideal para indagar un poco más. Saber a que se debe nuestra emoción, de donde viene y donde nace esta situación.

Es por esto que en las dinámicas grupales se trabaja mucho con esta ley del espejo, ya que unos a otros constantemente nos estamos haciendo espejo de que y como somos.

Lo que entendemos como bueno o malo, según nuestro criterio actual, solo lo podemos detectar en otro cuando nosotros mismos lo estamos, de algún modo, realizando también esta conducta.

No podemos ver una propiedad en otro si no la tenemos presente en nosotros. El espejo, el otro, nos muestra lo que nuestros ojos quieren o necesitan ver.

Vamos a hacer un pequeño ejercicio, piensa en alguien a quien admiras, ya sea un familiar, famoso o de ficción. ¿Por qué lo admiras? ¿Qué cualidad destacarías de este personaje?. ¿Sabes qué…? eso que ves en esa persona que admiras es algo que hay en ti, por eso lo ves.

De este modo, cuando alguien te saca de tus casillas o te irrita su forma de actuar, recuerda la ley del espejo y piensa si es posible que en alguna parcela de tu vida tu estés actuando igual.