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Vivir el presente

vivir el presente

Nos cuesta entender qué quiere decir esto de vivir el presente. Como en la saga de películas “regreso al futuro” nuestra mente está continuamente saltando del pasado al futuro y viceversa.

Esto provoca que estemos ansiosos por pensar en el futuro. Estamos planeando continuamente, imaginándonos situaciones posibles o fantaseando con resultados. No nos damos cuenta de lo que estamos viviendo en el instante presente y anhelamos que llegue el mañana para estar en una situación mejor.

O por lo contrario, recreamos situaciones del pasado que nos culpabilizan o generan malestar. Juzgamos lo que hicimos. Generamos pensamientos negativos sobre cómo actuamos en aquel momento y como podríamos haberlo hecho de otra manera. Dejamos que eventos del pasado nos sigan atormentando y generando depresión.

Aprender a disfrutar del momento presente requiere un entrenamiento para observar nuestra mente. La práctica del yoga, mindfulness, meditación, actividades físicas,etc, pueden ayudarnos a prestar atención en el presente.

¿Y de qué me sirve vivir el presente?

Aprender a vivir de una manera más consciente y prestarles atención a nuestras necesidades reales y al tipo de pensamientos que pasan por nuestra mente.  Dejar de obsesionarnos con problemas que ya no existen pero nos impide vivir el presente. No esperar siempre el futuro para ser feliz.

  • Tener mayor claridad a la hora de tomar decisiones.
  • Vivir con menos cargas emocionales.
  • Disfrutar cada momento siendo plenamente conscientes.
  • Aprovechar mejor el tiempo.
  • Ser más felices.
  • Aprovechar mejor las relaciones interpersonales.
  • Mejorar nuestra creatividad.
  • Aumentar nuestra capacidades comunicativas.

Aplazamos nuestra felicidad

Cuando termine la carrera, encuentre pareja, consiga un ascenso, pierda peso, me jubile, seré feliz. ¿Te suenan este tipo de razonamientos verdad?. Es la forma en la que nos saboteamos y no valoramos lo que tenemos ahora. De dónde venimos y a dónde vamos. Dejamos de disfrutar el camino para agobiarnos por el punto de llegada.

Imagina esas personas que disfrutan con las atracciones. Disfrutan el recorrido, cada bajada, subida, acelerón, frenada, curva, recta, salto o caídas. No están pensando en cuando se acabe o lo divertido que será cuando llegue al final del recorrido. Porque la felicidad se vive, no se planea.